martes, noviembre 08, 2005

La postura de tu cuerpo puede cambiar tu vida

Leí un articulo en una revista y me dejo completamente seducido y con ganas de aprender mas de esto, es una tema que vengo conociendo desde hace un par de años pero sé que requiere de mucho entrenamiento, les traspaso el articulo del Seminario del arte del coaching Profesional
Seminario que imparte “The newfield network Chile. El Coaching ontológico un termino cada vez mas conocido en empresas y organizaciones –es un proceso de aprendizaje a través del cual transformamos nuestras acciones. Integra lenguaje, cuerpo y emociones. La idea es revisar la forma en que estamos mirando la vida, y ver que áreas podemos mejorar si nos abrimos a nuevas posibilidades. Uno de los elementos fundamentales desde donde se hace es la liviandad.
Minerva Gebrán, directora de programas de Coaching de newfield, distingue: “No es la liviandad que tiene que ver con el relajo, sino con la alegría y el bienestar, pero también con profundidad y seriedad”.
O sea, no tiene nada que ver con ver la famosa cultura Light. Lo que pasa es que estamos acostumbrados a asociar el humor con el chiste fácil. “El humor cuando permite tomarse mas livianamente las cosas y reírnos de uno mismo”, explica Minerva.
Nuestro aprendizaje tradicional esta enfocado en la racionalidad. Lo que plantea el coaching es que el cuerpo también esta involucrado en todo nuestros actos, desde aprender matemáticas hasta lidiar con un problema amoroso. Y no somos conscientes de ello. “Los adultos debemos desaprender para aprender. ¿Sabes lo que le cuesta a un ejecutivo ir a un taller y tener que bailar? ¿Sabes lo que le cuesta tomarle las manos a otra persona? ¡Si la gente no se toca! Hay estudios científicos que dicen que si los seres humanos no somos tocados, nos enfermamos y además nunca podremos tener relaciones que duren en el tiempo. Asegura Minerva.

Aprender a reclamar.

Vivir con nuestra liviandad también implica conectarnos con nuestras emociones, otro dominio olvidado por la educación escolar y universitaria. No hay emociones ni buenas ni malas. Hay que entender que las necesitamos todas. “La liviandad es una coherencia que te acompaña en todo, si necesito reclamar lo puedo hacer livianamente” dice Minerva.
Y para convencerme, me pide que reclame por cualquier cosa. Me fijo en mi taza de café, junto fuerza y le digo con una risita: “pucha sabí que el café estaba demasiado frió”.

Error.

¿Te das cuenta?, observa Minerva. “Con eso de pucha ya te estas disculpando. Hace falta resolución. No puedes reclamar sin pedir algo, aunque sea una disculpa. Porque si no, es solo quejarse. Y eso tiene que ver con un tema corporal pero también emocional, de sentir que tienes derecho a reclamar.

Una piedra en el zapato.

De nuevo estoy caminando por la sala, pero esta ves con un poroto en mi zapato. Es incomodo. Como cuando uno de hace una herida en el dedo y recién se da cuenta de lo agradable que era tenerlo sano. Las instrucciones son tajantes: no podemos sacarnos el poroto con nuestras propias manos. Así que, con un poco de vergüenza le pido a una señora que me ayude por favor.
Moraleja del ejercicio: vivimos casi sin darnos cuenta de lo que nos rodea hasta que algo rompe la cotidianidad. Y hay que aprender a pedir ayuda.
Al igual que con los reclamos, el pedir ayuda implica saber conversar. Es algo que hacemos todos los días… pero bastante mal. Muchas veces escuchamos solo para poder hablar cuando el otro se calle. O escuchamos lo que queremos escuchar.
“Las relaciones nunca son muy sinceras cuando se esta en uno de los dos extremos (trivialidad o gravedad)”, concluye Minerva. “Porque nunca decimos lo que queremos decir, ni escuchamos lo que al otro le pasa. Yo cuando veo un alumno todo serio le digo: a ver, cuéntame lo que te pasa desde donde estas ahora. Y después bueno, cuéntamelo con un merengue detrás. Y al final: ¿es tan grave? ¡NO!
Justamente el ultimo ejercicio del seminario es anotar las conversaciones que tenemos pendientes: que necesitamos decirle a alguien y como. Conversar con liviandad. Las escribo en silencio en el cuadernito que nos entregaron en la mañana. Junto a eso, me llevo una frase que escuche al vuelo, casi por casualidad: Muchas veces los problemas no tienen que resolverse sino que disolverse.

Tarea pa la casa.

Revista T propongo; entrevista hecha por Guillermina Altomonte.

2 Comments:

Blogger Mirada said...

Estoy muy de acuerdo con lo que en este artículo se dice, pero que muy de acuerdo...
Gracias Felipe.
Besos

5:12 p. m.  
Blogger Angélica said...

Soy una convencida de la integralidad del ser... de esa busqueda al momento en que somos el perfecto equilibrio... saber hablar, saber escuchar, saber escribir, saber vivir...

10:35 p. m.  

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